En la orilla de tus pensamientos está tu ser

Todos somos seres humanos con la habilidad de intuir. Para mí la intuición es un programa del inconsciente que se descarga en la parte de la mente consciente, activándose cuando sea necesario para seguir evolucionando, o esa es la idea primitiva. Cuando intuyes algo, es como el instinto animal que otorga información para sobrevivir a los posibles peligros. A mi modo de entenderlo, la intuición está conectada a la parte más mundana, más egóica, resuena con la programación que contiene memorias colectivas, familiares, y las propias del alma de sus encarnaciones, por eso es muy habitual para las personas sentir o tener presentimientos. Puede que te advierta de algún peligro ya vivido en otro tiempo, o que vivió algún ancestro tuyo, pero, ¿Cómo saber si esa información que se descarga automáticamente tiene vigencia en tu vida actual? La intuición está hecha de miedo, el miedo biológico, el intrínseco en la especie humana es lógico que lo sintamos para sobrevivir ante acontecimientos fuera del alcance del control como humanos. Pero el miedo mental es otro cantar, es como un fantasma con armadura que traspasa pensamientos y sentimientos, bloqueando la capacidad en el indivíduo para resolver cualquier situación de superación. Las emociones que nos hacen vibrar muy bajo tienen un efecto de posesión en la vida que estemos experimentando, como fantasmas que no quieren ir hacia la luz porque prefieren estar atrapados en la culpa, haciendo del miedo mental su propio castigo. Quien intuye no es que tenga poderes sensoriales o se bautice como bruj@, más bien necesita actualizar su programación para equilibrar energías, y vibrar en frecuencias donde la luz ayude a subsanar esa programación interna.

Vivimos en un planeta cuya interpretación del ser humano es dual. Nos relacionamos con la dualidad constantemente sin observarla, el ojo humano solo percibe una realidad aferrándose a ella como su única verdad. Si existe la intuición también existe la inspiración, esa información pura conectada a la inteligencia universal, a esa fuente de energía divina, sabia, y eterna. El espíritu en su dimensión natural, en su origen no necesita experimentar la dualidad para sentir que es la consciencia en su expansión, que es amor incondicional. A medida que vamos bajando de dimensiones las cosas se complican, porque la materia es visible y el espíritu que somos no. ¿Por qué nos cuesta reconocer la luz que hay en nuestro interior?

A lo largo de mis años en este camino de crecimiento personal y espiritual he aprendido que por regla general no observamos la experiencia, nos identificamos, nos apegamos a ella, juzgando, culpando como fantasmas energéticos atrapados en sus propias celdas de castigo. La inspiración viene cuando te desconectas de la intuición y acoplas el amor incondicional en tu vida, cuando sintonizas las emisoras que te invitan a cuestionar, cuando te echufas a la energía alta sin olvidarte de la humildad. Es un dejarte llevar por algo nuevo, fuera del alcance de la programación interna, es fluir con la sabiduría del Universo. Puede que te suene muy mísitico todo esto, lo entiendo, pero no estoy compartiendo contigo para que te creas mi verdad, sino para que experimentes la tuya, para que abras ese rango de posibilidades futuras sin la coacción de memorias, sin resentimiento del pasado, solo tú observándote.

La dualidad es el conjunto de intuición e inspiración, de ego y alma, de cuerpo y espíritu, de mente densa y mente libre, de inconscientes y consciente. El desequilibrio con la dualidad se padece siendo extremista. El ser humano lo ha etiquetado de contrario, de bueno o malo, de normal y distinto, mujer u hombre, dios o diablo, blanco o negro… la lista es interminable. Alejándonos más aun del amor, del perdón, de la aceptación y de la igualdad. La polaridad es una observación, el espíritu es quien observa, el ojo humano solo mira. Toda vibración tiene su polaridad, la energía si no se equilibra no podrá transmutar y evolucionar, regresará a estados ya experimentados, a manifestar memorias, a proyectar miedos. Incluso el ego tiene su parte álmica, y el alma tiene su parte de ego, y como vibren será el estado o nivel de consciencia en el que estemos examinándonos como seres completos, sin divisiones. Tu nombre es la amistad entre el ego y el alma, tus apellidos son el equilibrio y conexión limpia entre intuición e inspiración, tus experiencias son un holograma de inconsciencia y consciencia, tus sueños son el portal de quién eres en todas las dimensiones. Tu personaje es la unión de tus ancestros, de memorias, de tus otras encarnaciones, de tiempos y espacio.

No nos equivocamos cuando decimos <cada mente es un mundo>. La vibración numerológica de la palabra mente es 3/21, el arcano mayor 21 es el Mundo. La energía 3 es la creación, lo artístico, la inocencia, la intuición equilibrada para crear desde la inspiración, para creer, para amarnos, es una energía también muy bohemia, de sueños, de jugar, de volver a ser niñ@s. También rigen vibraciones 5, de cambios, de no pensar en el tiempo, de experimentar el presente, de huir emocionalmente. La parte intuitiva de la mente conecta con la palabra, con dar voz, con ser independiente, justiciera, la parte de inspiración conecta con sanar los ciclos que ruedan en el tiempo, con desarrollar la capacidad de dirigir la propia vida, de ser alquimistas, de hacer magia con nuestras capacidades, de aceptar nuestra parte de divinidad, de reconocer al origen, al “padre”, a esa energía inteligente que forma parte de los seres humanos. Todo esto en la batidora de las polaridades nos da para miles de años de encarnaciones, nos da para estar transitando por un 2020 en el que tomar consciencia para compartirla. Nos da para un preparatorio para volver a renacer, para tener otra oportunidad de construir un mundo nuevo, sin divisiones. No se trata que dejes de intuir, sino que te abras a la experiencia de que pueda que exista algo más sabio que tú, algo que te ama, que te respeta, algo que deja que vivas como quieres, algo que espera pacientemente a que recuerdes que puedes elegir observar en vez de mirar.

Vanesa

Numeróloga, Terapeuta Transpersonal

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