Las emociones como un cubo de Rubik

 

A la mayoría de las personas nos han educado con la premisa de que llorar es de débiles, y si has de llorar que sea a solas, que hay temas que mejor no hablarlos en familia. ¿No has sentido alguna vez en tu vida como si fueras una actriz o actor interpretando guiones ajenos a tí dentro de tu misma familia, o incluso en el trabajo? Pantomimas en el hogar, en el empleo, en la política, en la educación… Mentir y ocultar emociones, pensamientos y sentimientos es un show del que el ser humano es creador.

“No hagas esto, viste así, las niñas no eructan, los niños no lloran… si eliges esto te quedarás solo o sola… nadie te va a querer como lo hago yo… no encontrarás la pareja adecuada porque solo te buscas a tí mismo, o a tí misma… las mujeres no pueden opinar, los hombres tienen necesidades…” La de cosas que llegamos a repetir, decir, creer, sin aprender a ser coherentes con nosotros mismos. Pero, la coherencia en el ser comienza con empezar a expresar y a tomar responsabilidad de nuestras emociones, equilibrando el ruido mental que intenta impactar en nuestra manera de ser. Estar de acuerdo en lo que decimos, sentimos y hacemos.

Cuando veo que mi hijo se autoexige hasta niveles de hacer pantalla con sus emociones para encajar en un mundo (cual mundo no quiere encajar con la diversidad), me siento totalmente impotente. Y, aunque trabajemos con herramientas para gestionar sus emociones, hay días que son un completo muro de contención. Días complicados.

En casa normalizamos el llorar, (su mami es muy sensible también, jeje) y en casa de su papi también normalizan el poder expresar con tranquilidad las emociones. Que no pasa nada si hoy te sientes triste, o cansado por llevar masacarilla, que no has de ser perfecto, ni comprender las matemáticas modernas, y si has de preguntar o leer mil veces un texto para entender la lectura, NO PASA ABSOLUTAMENTE NADA.

La sociedad ha olvidado su corazón cuando ha de hablar y relacionarse con la educación especial.

La sociedad se aleja de ser responsable con su propio mundo como indivíduos libres que somos.

¿Acaso un adulto sin aparente conflicto en su desarrollo personal, no siente frustración cuando se le exige hacer algo que va en contra de su manera de ser?

¿Cómo vamos a acompañar a las generaciones jóvenes en su despertar y equilibro emocional si con nosotros mismos construimos torres en nuestro interior?

Como colectivo hay una gran alarma social a nivel emocional, que a su vez conecta con la poca o nula gestión y ayuda a colectivos que necesitan una guía y acompañamiento más personalizado, para enseñarles soluciones a sus conflictos internos y poder vivir sintiendo que son libres, como tú y como yo.

Mi hijo, que para mí es un auténtico maestro espiritual, dice que la autoestima es “quererse automáticamente”. Podemos empezar con esto, amar lo diferente y lo común en nosotros, amarnos tal y como somos, dejar de sentir miedo por sentir, por lo que dirán, y en vez de construir una torre para defendernos y aislarnos del exterior que sea una casa acogedora, como esas de campo, donde se celebran comidas familiares, donde se puede compartir. Compartir quienes somos.

El autismo hizo que deseara y soñara con la voz de mi hijo cuando era pequeño. Empezó a decir palabras a los tres años… Llegar hasta a él siempre ha sido toda una aventura, saber qué le duele, qué le ocurre… A sus nueve años en la actualidad hay muchas cosas que han quedado en el pasado, pero otras están en este presente, con otra poder de manifestación, pero están. Me encanta escucharle cantar, aunque me avasalle en bucles con sus canciones, o himnos jaja… Cuando habla inglés, su pronunciación y facilidad para los idiomas me dejan absorta y llena de orgullo de mami.

Que en los días complicados no dejes de ser tú, respétate. Se libre con aquello que sientas, pienses, y digas.

Haz amor con tu luz.

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